El teatro musical, también conocido simplemente como "musicales", es un género de espectáculo escénico que combina música, canciones, diálogos hablados y danza. Es la fusión perfecta entre el teatro tradicional y la música, donde la narrativa se desarrolla tanto a través de los diálogos como de las canciones y las coreografías. Aunque a menudo se considera como un género relativamente moderno, su historia se remonta a más de un siglo atrás, con raíces a inicios del siglo XX. Teniendo especial crecimiento en los Estados Unidos, concretamente en Broadway, y en Reino Unido, en el West End de Londres.
Uno de los primeros referentes del teatro musical moderno son las Follies de Ziegfeld, inspiradas en las Folies Bergère de París. Estas producciones eran espectáculos visuales impresionantes, lujosos y exuberantes, con elaboradas coreografías, vestuarios brillantes y sketches humorísticos. Pese a formar parte del género de la Revista, son consideradas precursoras del teatro musical tal como lo conocemos hoy.
Desde entonces, el género ha evolucionado de forma considerable, adaptándose a los cambios sociales, culturales y tecnológicos de cada época. A lo largo de todo este tiempo, ha adoptado diferentes estilos y ha tratado una gran variedad de temáticas, desde las más ligeras hasta las más profundas y controversiales.
El musical clásico o Edad de Oro del Musical (1930-1960)
Esta etapa se caracteriza por una estructura narrativa clara y coherente, donde las canciones y coreografías no son elementos añadidos, sino parte integral de la historia. Cada número musical tiene un propósito específico dentro de la narrativa: avanzar en la trama, definir personajes o expresar emociones que los diálogos no pueden transmitir.
En cuanto a la puesta en escena, se apostaba por escenografías coloridas, luminosas y alegres que buscaban captar la atención del espectador desde el primer momento. Durante esta época surgieron obras que hoy se consideran clásicos indiscutibles del género. Algunos ejemplos son Sonrisas y lágrimas (Rodgers & Hammerstein, 1959), Oklahoma! (Rodgers & Hammerstein, 1943), West Side Story (Sondheim, 1957), Man of La Mancha (Leigh & Wassermann, 1965) y la primera versión de Cabaret (Kander & Ebb,1966).
El auge de los estudios cinematográficos como MGM y Warner Bros. ayudó a llevar estos musicales al cine, haciendo que el género alcanzara audiencias masivas. Películas como El Mago de Oz (Fleming, 1939), Cantando bajo la Lluvia (Kelly, 1952) y Oklahoma! (Zinnermann, 1955) son ejemplos de cómo el teatro musical se convirtió también en un fenómeno cinematográfico global.
Kander & Ebb
Dir. Victor Fleming
Dir. Gene Kelly
En esta segunda etapa, el teatro musical experimentó una gran transformación. La música dejó de seguir una línea estilística homogénea y comenzó a incorporar géneros contemporáneos como el rock, el soul, el jazz e incluso el funk. Las temáticas se volvieron más arriesgadas y comenzaron a abordar problemáticas sociales, políticas y existenciales.
Las narrativas, a menudo, rompían con la estructura lineal tradicional y optaban por formatos más libres y experimentales. Ejemplos notables de esta etapa son Hair (Rado & Ragni, 1967), Jesucristo Superstar (Lloyd Webber & Rice,1971), Chicago (Kander & Ebb, 1975) y Evita (Lloyd Webber & Rice, 1978).
Esta etapa también vio el auge de los "revivals" o reestrenos con adaptaciones modernas de clásicos anteriores. Muchos de ellos se vieron impulsados por sus versiones cinematográficas. Películas como Cabaret (Fosse, 1972) y Jesus Christ Superstar (Jewison, 1973) fueron fundamentales en consolidar esta tendencia, así como películas musicales creadas directamente para el cine como Fiebre del Sábado Noche (Badham, 1977) y Grease (Kleiser, 1978).
Dir. Badham
Dir. Kleiser
El boom de los musicales (1980-2000)
Durante las décadas de los 80 y 90, el teatro musical vivió un momento de esplendor sin precedentes. Las producciones se volvieron cada vez más ambiciosas, con escenografías imponentes, efectos especiales innovadores y partituras memorables. Las canciones adquirieron un carácter épico, con melodías fácilmente reconocibles y la inclusión de leitmotivs para reforzar la identidad de personajes o situaciones.
Este periodo se caracterizó por la adaptación de grandes obras literarias al formato musical. Ejemplos destacados son Los Miserables (1980-85) y El Fantasma de la Ópera (1986), que triunfaron tanto en teatro como en cine. También se incluyeron obras basadas en libros de narrativa infantil como Cats (1981), inspirado en un compendio de poemas de T. S. Eliot.
La internacionalización del género fue otro hito importante de esta etapa. Grandes producciones comenzaron a realizar giras internacionales, exportando la magia del musical a los cinco continentes. Incluso a España, con la llegada de Jesucristo Superstar, de 1975, con Camilo Sesto, dirigida por Jaime Azpilicueta.
El renacimiento o Edad Moderna (2000 - Actualidad)
En la actualidad, el teatro musical vive un segundo renacimiento, marcado por una gran diversidad estilística y temática. Se han incorporado nuevos géneros musicales como el hip-hop (Hamilton, 2015), el pop y el indie. Además, se han visibilizado y normalizado temáticas antes tabúes, como la diversidad sexual (Rent, 1999), la salud mental (Casi Normales, 2008), el acoso escolar (Dear Evan Hansen, 2015), entre otras.
Uno de los mayores impulsores de este renacimiento ha sido Disney Theatricals, división de Disney encargada de la adaptación de sus películas animadas al teatro musical. Producciones como La Bella y la Bestia (1993), El Rey León (1997), Aladdín (2011) o Anastasia (2018) han logrado un enorme éxito comercial y de crítica.
Asimismo, películas clásicas de las décadas de los 80 y 90 han sido adaptadas en musicales, como Ghost (2011) o Dirty Dancing (2004). Muchas obras contemporáneas reinterpretan historias conocidas desde nuevos enfoques, como Wicked (2003), que ofrece una nueva perspectiva del universo de El Mago de Oz.
Los revivals son un constante en esta etapa, han sido una constante en esta etapa, como el aclamado revival de Cabaret en el Studio 54 (1998) o Gypsy (2015) con Imelda Staunton, las cuales consiguieron dar un soplo de aire fresco a sus historias originales.
Aunque Broadway sigue siendo el epicentro del teatro musical a nivel global, el West End londinense representa su contraparte europea. Allí, figuras como Andrew Lloyd Webber y Tim Rice han sido piezas clave en la creación de grandes éxitos como “Jesucristo Superstar” y “Evita”. Cameron Mackintosh, uno de los productores más influyentes, ha estado detrás de obras como Los Miserables, El Fantasma de la Ópera, Cats o Miss Saigon.
Fuera del mundo anglosajón, otros países también han aportado significativamente al desarrollo del teatro musical. Francia, por ejemplo, fue el país de origen de Los Miserables (1980), mientras que Italia produjo obras memorables como Aggiungi un posto a tavola (1973).
Stephen Schwartz
Lin-Manuel Miranda
El Médico, el musical. Beon Entertainment
En España, el teatro musical ha vivido una evolución notable. Gracias a lo antes mencionado, tras el gran éxito comercial de Jesucristo Superstar, se abrió la veda a nuevas grandes producciones. Desde entonces, hemos visto surgir musicales originales como Mar i Cel (Dagoll Dagom, 1988) y superproducciones recientes como El Tiempo entre costuras (2022), El Médico (2018) o Los Pilares de la Tierra (2024), estos últimos de la mano de Beon Entertainment y con música de Iván Macías.