Antes de que Lerner y Loewe lograran convertir Pygmalion en My Fair Lady, hubo intentos fallidos por parte de otros creadores. En 1952, Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, el famoso dúo detrás de éxitos como Oklahoma! y Sonrisas y lágrimas, intentaron adaptar la obra al formato musical. Sin embargo, abandonaron el proyecto porque consideraban que la historia no se prestaba bien para ser musicalizada sin traicionar su esencia intelectual. Según ellos, las obras musicales requerían canciones basadas en emociones humanas profundas (amor, tristeza, alegría), mientras que Pygmalion estaba centrada en ideas sociales y filosóficas.
Alan Jay Lerner y Frederick Loewe se enfrentaron a este mismo desafío al abordar el texto. Sin embargo, lograron encontrar un equilibrio entre respetar el mensaje original de Shaw y añadir elementos emocionales que hicieran viable su transformación en un musical exitoso. Una decisión clave fue mantener a Henry Higgins como un personaje más racional que musical. Rex Harrison al no ser cantante y tampoco ser necesario ser uno, aplicó a su interpretación el "canto hablado" (speak-singing), donde las canciones se recitan con ritmo más que ser cantado como tradicionalmente. Según el propio compositor, era necesario llegar a las notas, no cantarlas como tal.
La producción original fue dirigida por Moss Hart, quién dio una visión que ayudó a dar forma al tono cálido y humorístico del espectáculo. Las coreografías estuvieron a cargo de Hanya Holm, mientras que Cecil Beaton diseñó los magníficos vestidos de la obra.
Desde su estreno en Broadway el 15 de marzo de 1956 hasta su cierre en 1962, My Fair Lady acumuló más de 2,700 funciones consecutivas, convirtiéndose en el musical con mayor permanencia en cartelera durante esa época . Su éxito no solo se limitó a Estados Unidos; poco después fue llevado al West End londinense con igual entusiasmo por parte del público británico.
El corazón del musical es la historia de Eliza Doolittle, una florista de clase baja que es recogida de la calle por el profesor Henry Higgins como parte de una apuesta con su amigo el Coronel Pickering. Higgins promete transformar a Eliza hasta convertirla en una dama capaz de engañar incluso a los círculos más selectos de la alta sociedad británica. Para lograrlo, somete a Eliza a un riguroso entrenamiento en dicción y modales. A lo largo de la obra, Eliza evoluciona significativamente no solo interna sino externamente. Su transformación va más allá del lenguaje; desarrolla una fuerte identidad propia y comienza a cuestionar su lugar dentro del mundo que Higgins intenta imponer y se enfrenta a su creador.
La música
Uno de los aspectos más destacados de My Fair Lady es su extraordinaria banda sonora compuesta por Frederick Loewe con letras ingeniosas escritas por Alan Jay Lerner. Canciones como Wouldn't It Be Loverly?, I Could Have Danced All Night, On the Street Where You Live, The Rain in Spain y Get Me to the Church on Time se han convertido en estándares y clásicos de los musicales.
Cada canción cumple una función narrativa esencial dentro del desarrollo del texto de la obra. Por ejemplo:
• The Rain in Spain marca el punto donde Eliza se ‘’transforma’’ de ser una chica de la calle a una dama al dominar finalmente los ejercicios fonéticos.
• I Could Have Danced All Night refleja la emoción pura de Eliza tras experimentar un momento transformador.
• I’ve Grown Accostumed To Her Face muestra el momento en el que Higgins se da cuenta que siente algo por Eliza y que ya no la volverá a ver.