Tras el éxito del musical, de tontos sería no ver el potencial de la historia y su música en el cine. Jack L. Warner, presidente de la Warner Bros Entertainment, consciente de esto, adquirió los derechos por una cifra récord de 5,5 millones de dólares. La película es considerada una de las obras maestras del cine, reconocida tanto por su esplendor visual como su elenco e interpretaciones, encabezados por Audrey Hepburn y Rex Harrison. Bajo la dirección de George Cukor, el film se convirtió en una de las producciones más ambiciosas de su época, consolidando enconsolidandola en la historia del cine.
Warner supervisó personalmente decisiones clave, como la elección de Audrey Hepburn para interpretar a Eliza Doolittle en lugar de Julie Andrews, quien había originado el papel en Broadway. Aunque Andrews era una elección lógica debido a su conexión con el personaje y su talento vocal, Warner optó por Hepburn debido a su estatus como estrella internacional y su atractivo comercial. Esta decisión generó bastante controversia, especialmente tras conocerse que la voz de Hepburn sería doblada en las canciones por Marni Nixon.
Además, Warner apostó por una producción lujosa que reflejara la opulencia del Londres. Su inversión incluyó tanto vestuarios como escenarios elaborados y diseñados por Cecil Beaton, que capturaron con detalle la transición social y estética del personaje de Eliza. Warner no escatimó recursos para garantizar que la película fuera un espectáculo visual que perduraráperdurara en Hollywood. Buscaron revitalizar el género musical y demostrar que aún era posible crear grandes éxitos comerciales con historias adaptadas del teatro. Claro está, que se encontraban en un contexto donde los musicales ya estaban perdiendo terreno frente a otros géneros cinematográficos más modernos.
Gavota Ascot
Baile de la Embajada
George Cukor aportó una sensibilidad única al proyecto. Consiguió equilibrar la teatralidad del musical original con las posibilidades del cine. Su enfoque visual se centró en la majestuosidad y la sofisticación estética, resultando en una película visualmente preciosa.
Secuencias como la Gavota Ascott y el baile en la embajada destacan por su escala y detalle visual. La Gavota Ascott, con sus trajes monocromáticos y estilizados, se convirtió en una imagen icónica que simboliza la rigidez social.
El diseño visual es uno de los aspectos más destacados de My Fair Lady. Cecil Beaton, responsable del diseño de vestuario y escenografía, creó un esplendor visual que capturaba perfectamente la atmósfera de las altas clases de Londres en el siglo XIX. Sus diseños no solo eran estéticamente impresionantes, sino que también servían como una extensión narrativa al resaltar los contrastes entre las clases sociales. Brillaron especialmente en secuencias como el baile en la embajada, donde los vestidos elegantes y los decorados opulentos transportan al espectador a un mundo de lujo y sofisticación. Este nivel de detalle no solo reforzó la autenticidad histórica de la película, sino que también ayudó a subrayar los temas centrales relacionados con las barreras sociales. Beaton retoma su dirección artística usada en la versión teatral, conociendo bien la historia, el éxito ya estaba asegurado. La fotografía de Harry Stradling Sr., galardonada con un Oscar, complementa el diseño visual con un uso magistral de colores vibrantes y composiciones cuidadosamente elaboradas. Juntos lograron crear una adaptación tan cautivadora como teatral.
Rex Harrison retomó su papel como Henry Higgins, aportando una interpretación cargada de arrogancia e intelecto que capturaba perfectamente las complejidades del personaje. No había actor más perfecto que el propio que originó el personaje. Su estilo único de "canto hablado" permitió, al igual que en el musical, mantener la esencia intelectual del profesor Higgins sin comprometer el impacto emocional.
Audrey Hepburn aportó encanto y carisma a Eliza Doolittle. Aunque su voz fue doblada en las canciones por Marni Nixon debido a las exigencias vocales del papel, Hepburn logró transmitir la evolución emocional del personaje con sutileza y profundidad. Su interpretación fue ampliamente elogiada a pesar de las críticas iniciales sobre su elección para el rol.
Otros miembros destacados del elenco incluyen a Stanley Holloway como Alfred P. Doolittle, quien repetía de la versión teatral en Broadway y el West End, aportó humor y humanidad al personaje; Wilfrid Hyde-White como el Coronel Pickering; y Gladys Cooper como la Señora Higgins.
La película fue un éxito rotundo tanto comercial como críticamente. Fue nominada a doce premios Oscar y ganó ocho, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección para George Cukor y Mejor Actor para Rex Harrison. También recibió galardones por su diseño artístico, vestuario y fotografía. Sin embargo, algunos puristas lamentaron que ciertos aspectos críticos del texto original fueran suavizados para adaptarse al tono más ligero del musical. Otros señalaron que la elección de Audrey Hepburn sobre Julie Andrews reflejaba prioridades comerciales sobre artísticas.
A pesar de estas objeciones, My Fair Lady se consolidó como un clásico indiscutible del cine musical.